«Bajo los mimbres de una falsa autoestima se pasean rayos de tiranía que tambalean mi inocencia ante algunos comportamientos del otro.Y eso que el otro, para mi subconsciente, no existe. Solo existo yo y mi circunstancia.

Circunstancia que está en función de cómo vivo, cómo me siento, cómo respiro, de qué me nutro o no me nutro.Estos aderezos influyen en mi yo para cómo vivo al otro, a la otra.

Y obviando el juicio hacia el otro y con la valentía del yo más consciente y supremo, interactuando con el otro, desenmascaro los momentos de falsa autoestima.Porque bien es verdad que no se sana en soledad; necesito, necesitamos al otro para sanar.»

¿Qué es la falsa autoestima?

Constantemente se habla de cultivar la autoestima, de querernos, valorarnos y de poner límites. Pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre una pregunta importante: ¿existe una falsa autoestima?

La falsa autoestima aparece cuando actuamos para satisfacer a los demás, desoyendo nuestra intuición o nuestra voz interior. Nos dejamos llevar por la necesidad de sentirnos reconocidos, de controlar las situaciones o de conseguir que las personas actúen como nosotros esperamos.

Creemos que nuestro bienestar depende del otro y, cuando algo no sucede como deseamos, culpamos a los demás de nuestro malestar. Sin embargo, el verdadero bienestar nace de la relación que mantenemos con nosotros mismos y de la forma en que interpretamos nuestras experiencias.

El otro como espejo de nuestro mundo interior

Desde una mirada más consciente, los conflictos y las emociones incómodas pueden convertirse en una oportunidad de crecimiento.

El otro no crea aquello que sentimos; simplemente activa algo que ya estaba dentro de nosotros y que necesitaba ser visto, comprendido y sanado.

Cuando entendemos este proceso, el otro y la otra dejan de ser el enemigo o la enemiga para convertirse en un espejo que nos ayuda a descubrir nuestras propias carencias, heridas y limitaciones.

Cada relación nos ofrece la posibilidad de conocernos un poco más y avanzar hacia una versión más auténtica de nosotros mismos.

La auténtica autoestima nace de la conciencia

La autoestima auténtica aparece cuando dejamos de juzgar continuamente a los demás y comenzamos a comprender sus debilidades, del mismo modo que aprendemos a reconocer las nuestras.

No significa aceptar cualquier comportamiento, sino aprender a responder desde la conciencia y no desde la reacción.

Solo desde ese lugar podemos relacionarnos con mayor libertad, respeto y equilibrio emocional.

No se sana en aislamiento

Aunque todos necesitamos momentos de silencio, introspección y reflexión, el crecimiento personal también sucede en la relación con los demás.

Las personas que aparecen en nuestro camino nos muestran aspectos de nosotros mismos que, muchas veces, permanecían ocultos.

Por eso, sanar no consiste únicamente en mirar hacia dentro, sino también en aprender a relacionarnos desde una conciencia más profunda.

Porque, como expresa esta reflexión, no se sana en soledad; nos necesitamos los unos a los otros para sanar.